Ya no te pertence

La impermanencia es uno de los principios espirituales más confluyentes entre todas las corrientes. Comprenderla es básico, aceptarla es un desafío, pero vivir en armonía y en base a este principio es la evolución.

Impermanencia es la ley que rige el universo, y trata de algo tan sencillo como complejo: nada ni nadie es para siempre, desde el pensamiento, pasando por los sentimientos, hasta cualquier cuerpo físico o materia, están destinados a irse, a transformarse, a dejar de estar. Y es por esto que uno de los aprendizajes más urgentes para poder evolucionar es el desapego, porque sólo cuando comprendemos y vivimos en función de la impermanencia, somos capaces de crear, de ser, de amar, de estar, conscientes de que nada nos pertenece más allá de nosotros mismos. Cuando llegamos ahí hemos evolucionado, cuando llegamos ahí realmente vivimos, porque sabemos entonces lo que es disfrutar a plenitud del -tan mentado- aquí y ahora.
Este desafío rompe paradigmas, en especial egos. El ego del control, del poder sobre el otro y sobre todo.
Comunicación en impermanencia
Disfrutando en pleno de mi integralidad, veo con alegría cómo la comunicación como proceso está siendo arropada por esta ley espiritual. Estamos, socialmente, potenciando la creación de proyectos impermanentes por naturaleza dinámica -me refiero a impermanentes, no inconsecuentes.
Apoyada en el modelo proyectista de Carlos Scolari, donde se explica cómo cualquier proyecto -acompañado del proceso comunicacional- que es lanzado en la plataforma digital, desde el mismo momento en que se coloca en funcionamiento y a disposición de terceros, deja de pertenecer a su/s creador/es en cuanto a estructura, funcionalidad y hasta estética se refiere; y luego de unos cuantos años analizando y haciendo comunicación, me doy cuenta cómo la web y los modelos de dinámicas sociales influenciados por los mecanismos y características digitales, se van impregnando de esta ley, que desde lo espiritual se plasma en la ciencia social.
Como usuarios estamos ya acostumbrados -e incluso aceptando- al fluido propio de los contenidos en la web, al punto que de 2.0 y 3.0, los influyentes están apostando por llamar a la web: “líquida”. Y es que el agua -semántica principal de la palabra líquida- tiene un ritmo propio, nada la detiene, los obstáculos o normas -las rocas- las rodea al punto de darles forma, y continua su paso desde el río al océano. ESA es la liquidez de la que estamos hablando ahora en la teoría de la comunicación digital, la web tiene una vida tan propia que encerrarla en números no funcionó, nos obligó a dejarla fluir. Web líquida
Esto no quiere decir que no podamos establecer estrategias, orientar el agua y encausar la liquidez de la web. Como el agua en la naturaleza, se necesita de la estructura de la tierra para poder disfrutarla, para poder verla, para que no se pierda en extensiones sin corriente ni cauce. Así como en la vida, aceptar la impermanencia no nos prohibe trazar metas, establecer prioridades y convertir en realidades los sueños. Claro que se puede, es más debemos hacerlo, porque si no, nos perdemos en el vacío y desperdiciamos la fuerza que tiene el agua cuando se enfoca a ir de la montaña al mar. El agua perdida se evapora, la absorben.
Con la dinámica de la comunicación digital, pareciera que estamos aceptando mucho más rápido la vida del proceso desde la impermanencia, incluso es muy significativa la cantidad de profesionales -personas conscientes- que entienden y promueven una comunicación impermanente, desde la naturaleza líquida de la web. Hemos aprendido a no construir encima de ríos, ni apresar manantiales, porque parece que más rapido que tarde el agua destroza las estructuras que obviaron su liquidez. Cosa que en la realidad “real” aún el hombre practica, a pesar del anunciado desastre.
Aunque el término usabilidad no esté en la RAE, la comunicación obedece a quien la ejerce, como el agua a la madre tierra, y quienes hacemos vida profesional, académica o sencillamente funcional en esta plataforma sabemos que lejos de las antiguas prácticas limitantes y acaparadoras de la comunicación, la líquida -web- nos lleva, cada vez con menos resistencia, a su ritmo, en su fluidez, en su desapego.
Marketing de contenidos, conversación, viralidad, identidad, acceso, inmediatez, hackereana… La web líquida nos lleva hacia una comunicación donde sabemos que el éxito está en la estrategia de quien acepte, que no impone sino comparte, que no limita sino permite, que no obliga sino invita, que no se siente dueño sino promotor.
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