Matrimonio: Hasta que… tenga que durar

Las relaciones personales (en general) no se pueden basar en una lógica de compra-venta, primero porque la lógica comercial está absuelta de vínculo sentimental (y si no sientes nada ¿para qué vas a establecer una relación sentimental?), segundo porque la imposición de lo concreto (me das tanto por tanto, y yo tengo tanto y tú tanto) le resta a lo importante: sentir, al fin y al cabo eso son, relaciones sentimentales. Es como si conoces a alguien que te cae bien y le dices: vamos a ser amigos sólo por 3 meses ¿es lógico entonces? ¿por qué sí lo es en un contexto de relación de pareja?

Yo estoy convencida que, si la gente pasara la mitad del tiempo que usa pensando en lo que pierde o gana con un compromiso en una relación sentimental e íntima, en no-pensar y dejar fluir las cosas, no habría tanta desdicha, ni tanto aparataje alrededor de una etiqueta que se le dió a un tipo de relación sentimental: matrimonio. ¿Por qué verlo como una compra-venta? ¿para tener la “tranquilidad” de que acabará, o de que podrás estar con otr@s? ¿si quieres que algo acabe para qué lo empiezas? ¿si quieres estar con otr@s, para qué pedirle a alguien, específicamente, que comparta su vida contigo (por el tiempo que sea)?…

Todo tiene un ciclo, y si hay formas de vida que se sustentan naturalmente sin agotarse ¿por qué decirle que no a un ciclo tan natural como la emoción y el sentimiento de una relación? así como ¿por qué etiquetar todo hasta el punto de forzar algo que no está en su naturaleza?

 

La gente no puede seguir por la vida pensando que no se puede amar con libertad, confundiendo la espontaneidad del compromiso con el caracter obligatorio de la responsabilidad.

Que una cosa lleva a la otra, sí, por su sano funcionamiento: a ti te dan un cuerpo que debes mantener, tu verás cuán responsable eres en mantenerlo. ¡Es la misma vaina! El destino te presenta alguien con quien sentir, con quien compartir, tu asumes tu compromiso sin necesidad de un papel o un tipo (que se supone representa tu deidad, porque son tan-tan que son sólo tipos), y de ahí, tú solit@ ves cómo lo mantienes. Lo sano no debe ser tortura, a quien no le guste bañarse después de los 7 años, tiene problemas, y ya eso es otra cosa.

¿Cuál es el problema de un matrimonio? ¿por qué no lo pueden ver como convivir y compartir lo más posible con la persona a quien amas? si se acabó el ciclo natural de la relación pues qué se le hace, se acabó, pero una cosa es que el sistema muera naturalmente, y otra que por no aceptar su naturaleza tú lo mates. ¡Y lo peor! lo mates sin estar dentro, lo mates por cobardía, lo mates por miedo, lo mates por no ser libre.

Yo cada día me convenzo más de que la libertad se ejerce, sí, pero la verdadera se siente, se piensa y se cree antes de ejercerla. Si tienes que ejercerla para sentirla, no eres libre. Para mí, no es libre quien necesita tener, al menos el aval, de la poligamia/andria para sentirse libre de estar con otr@s.

También creo que todos los seres somos especiales, y el hecho de que tengamos que socializar y pasar por la aceptación e integración social, no quiere decir que todos hayamos nacido para cumplir con cada paso de la estructura social, “moralmente” aceptada. Pero ahí volvemos a la libertad, si eres verdaderamente libre los juicios no te harán caer en una conductada aceptada por otros, para que sólo cuando tú la transgredas la aceptes como tuya. Si eres libres dices “paso” y listo. 

Si fuéramos más valientes hacia la libertad honesta, encontráramos más apoyo y menos rechazo ante lo que sencillamente no va con nosotros y no queremos tomar.

Siendo libres tuviéramos un mundo más sano, no habrían padres/madres que no sirven para ello (lo siento, pero eso es como andar bicicleta, hay gente que nunca aprende, y si no aprende no lo van a meter en el Tour de Francia a que por su falta de destreza se caiga un poco de gente), o poetas trabajando en un banco, o una cuerda de relaciones “sentimentales” basadas en la carne.

Aceptémoslo, los verdaderos matrimonios, se casan mucho antes de dar un sí a equis acuerdo terrenal. Los verdaderos compromisos se asumen mucho antes de hacerlos públicos o expresivos. Los plazos los conocemos antes de imponerlos como contrato.

Ser y dejar ser. No hay que juzgar a quien decide compartir una vida con alguien, a quien además no imaginaría ausente, esa persona nació para eso y es libre de hacerlo. Tampoco hay que juzgar a quien tiene un sistema solitario, integrando nuevas piezas temporales y con especificidades. Cada quien tiene su camino, y debe seguirlo, si fuéramos fieles a nosotros, generaríamos menos daño a terceros.

“Los otros” importan, no nos caigamos a mentiras, vivimos en sociedad. El punto es ¿son “los otros” los que más importan?

Yo: yo sí me caso, mi boda será en un atardecer hermoso, en grama, quizás con vista al mar. Habrán flores, y velas; y sobre todo: lo que queramos los novios. Mi matrimonio será bendecido, por la deidad en la que creamos, pero sobre todo: por el compromiso espontáneo de nosotros dos. Yo sí, yo sí me complemento con su respiración como despertador, y durará hasta que… tenga que durar. Estará en mí y en mi complemento mantenernos sanos como pareja.

A mí, una nomenclatura no me etiquetará ni el corazón ni la libertad. Yo el matrimonio lo entiendo de una forma, y quien esté para compartirlo conmigo no me dirá “nos lanzamos al mar”, me dirá “haremos nuestra propia corriente”.

P.D: este post nace para dejar por escrito, parte de las ideas que divagan en medio de una conversación, cada vez que me meten en el tema del matrimonio. Además es una reflexión post-lectura de un artículo de Héctor Abad que me hizo llegar una amigo.

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3 thoughts on “Matrimonio: Hasta que… tenga que durar

  1. Yimmi says:

    Te has metido en aguas profundas mi estimada.

    El amor, las relaciones, el matrimonio. Todo tiene su carga de pasión y de cordura.
    De jóven siempre me tocaba aconsejar a mis amigas y les repetía una frase: “Debes hacer un equilibrio perfecto entre lo que siente tu corazón, lo que piensa tu cabeza y lo que pasa en tu entrepierna”. No digo que se deba lograr y pensar todo el tiempo en eso, pero al menos hay que buscar ese punto.

    Lo otro es evitar que el compromiso se te suba a la cabeza, como bien tu describes. Antes de casarme le decía a Saiyed: “Soy tuyo, pero no te pertenezco”, luego de casarnos le advertí “que no se te suba la esposa a la cabeza”.

    Claro, estamos hablando de una relación que comenzó sin pretensiones, que se dejó llevar, y tal vez lo más importante, que nunca pensó en un final. Concuerdo contigo, pensar en finales a priori es como querer que esos finales lleguen, es desearlo o por lo menos atraerlo. Para eso también tenía una frase: “No me gusta forzar principios ni finales”.

    Como todo en la vida las relaciones evolucionan, y esa evolución debe disfrutarse, estar preparado para ellas. La convivencia es importante y crucial. Hay neurosis propias que uno arrastra desde niño que pueden fácilmente infectar la relación. Cosas tontas como las pantaletas en la regadera o la pasta de dientes apretada desde el medio, pueden desencadenar crisis apoteósicas. Yo baso mi relación en la libertad. Mi casa no es la más limpia, pero se come rico. Mi casa no es la más ordenada, pero eso nos permite sacar el colchón del cuarto y dormir en la sala un mes completo sin remordimientos ni reproches. Hay que sacudirse la ortodoxia matrimonial de vez en cuando. Mi casa no es perfecta, pero mi hogar está muy cerca de serlo.

    Finalmente, llega un punto en el que esa persona extraña que decidiste arrimar a tu vida se vuelve tu vida. Las decisiones importantes se consultan primero con ella, antes incluso que consultarla con tus padres. Pero tampoco se permite, como en mi caso, inmiscuir a esos padres en los pleitos conyugales. Eso lo resolvemos nosotros solitos sin meter a nadie, y aunque ha sido difícil aprender eso, hoy lo aplicamos a la perfección en mi relación con Saiyed.

    Hoy Saiyed y yo somos un equipo. Y como equipo nos comportamos. El presupuesto familiar es administrado conjuntamente. Literalmente lo de ella es mío y viceversa. Lo cual no es impedimento para que me tome unas birras un día sin tener que estar rindiendo cuentas… es tuyo pero no te pertenece ¿Captas la idea?

    Y como equipo, nuestro principal objetivo es hacer feliz a Génesis, lo cual a su vez nos hace felices a nosotros. Teniendo en cuenta que, aunque la niña es lo más importante en nuestras vidas, en el futuro sabemos que ella a su vez va a construir una relación lejos de nosotros, y al final, solo nos tendremos ella y yo, como al principio.

    Hasta ahora la fórmula ha funcionado. Y si deja de funcionar un día, seguro ya la habremos modificado antes de que caduque por completo. Compromiso desde la Libertad, pudiera llamarse.

    Gracias por detonarlo.

  2. -.Carla Alvarenga.- says:

    jajajaja en efecto, son aguas profundas, pero sobre todo MUY personales…

    Sólo escribí lo que creo es necesario entender para no privarse o lanzarse de algo que no es más que una nomenclatura. Palabras claves, diría yo… El resto cada quien, y cada pareja debe encargarse de escribirlo…

    He convivido, por eso se de neurosis y encantos, de libertades y prisiones con las que se amasa una vida en pareja… La conclusión no puede ser más personal y única.

    Quise escribir para eso, para detonar, para recordarle (o promover) a los mayorcitos lo que se siente que “una cotufa explote en la cabeza”, reflexionar, revisar, sincerarse… Lo demás, insisto, se hace a dos o a cuatro manos, dependiendo de lo que se esté hecho.

    P.D: te compro la idea de “ser de, sin pertenecerle”…

  3. Saiyed says:

    Yimmi y yo siempre estuvimos de acuerdo en que por firmar un papel o hacer una fiesta de bodas no tendría por que cambiar nuestra relación, al igual que no dejaríamos que los cánones o presiones sociales influyeran en ella.

    Las relaciones humanas no son para nada fáciles, menos si están de por medio los sentimientos, pero se puede tener éxito, si se está clar@ en lo que se quiere, sin imposiciones, dispuest@s a dar y recibir con fluidez, a aflojar de vez en cuando, porque la idea no es halar cada quién por su lado, mantener tensa la cuerda, no, la idea es halar ambos para el mismo lado. A nosotros no ha funcionado hasta ahora.

    Y si hablamos de libertad, es jutamente lo que se necesita, ser libres para amar, para entregarse sin prejuicios, y de acuerdo contigo Carla, sin pensar en etiquetas ni en que se acabará…porque ¿qué sentido tiene comenzar algo pendiente de que se va a acabar? Recuerdo lo que le decía a Yimmi tiempo antes de casarnos: Quiero amanecer todos los días de mi vida contigo! Y hoy me sigue encantando amanecer a diario abrazada a él sin pensar en un final, porque realmente no quiero que haya final.

    Yo sí me casé, como soñaba, como queríamos, con todos los detalles necesarios para celebrar una unión de 7 años, con el único compromiso de ser felices, y así ha sido, tenemos casi 8 años casados, un bello hogar y una hermosa hija que nos está enseñando a ser mejores padres cada día.

    Aquí vamos, con 15 años de relación, como novios eternos, como digo yo. Complementándonos el uno al otro, sin llegar a la asfixia, dándonos nuestro espacio, superando rapidamente las esporádicas crisis, reinventando la relación cada cierto tiempo (cosas que se logran con la madurez). Como dices tu: “manteniéndonos sanos como pareja”

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