Cordura demencial

Si lo seguro es el cambio y la muerte ¿por qué las convenciones sociales no mueren ni cambian?

Yo y mi salmón. Yo y mi ganas de entender el mundo desde mi ser, creando más que recreando. Yo y los prejuicios detrás de mí. Yo y mi propio fantasma convencional. Siempre pensé que era yo y unos compañeros del piso 7 1/2 en esta megaestructura social; yo y mi explicación a los vecinos contigüos “no es que aparente, es que soy así”.

Pensé que sentir era más sabio que pensar. Luego sentí que debía aprender a pensar sintiendo. Entre caminos y filosofías la corriente del salmón ha ido ganando fuerza, tener los ojos en la esencia y no al frente de la mente quita los juicios como el plumero el polvo, pero pareciera que vivimos alrededor de la alergia a lo claro.

¿es demente el juez o el juzgado? ¿quién define la demencia? ¿a quién complacen los cánones?

Más allá de la irreverencia, de los parámetros “saludables” y de las teorías anárquicas, estoy yo con mis ganas de llevar los huevos al nacimiento del río y no a la orilla del delta. Y entonces me llegan venezolanos explotados de talento y sensibilidad convertida en arte, cuando mientras todos huyen de Caracas yo decido redescubrirla. Reverón y su demencia cuerda o su cordura demencial, su lienzo y los lienzos, los de ellos, los de todos. “Reverón, La Película” y mi convencimiento de que no hay quien defina demencia, que como el amor, es un nivel espiritual sin definición, sin recetas… que mientras más libre es el espíritu más pesa la mente.

díganme entonces “tú también viniste a ver al loco” ¿Cuánta cordura queda entre las paredes del juicio demente?

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