La sexitud de la querendura

Entrada la experiencia de vida, la piel y el espíritu agarran camino. La memoria sensorial pasa a ser nuestro filtro de lo que queremos -o lo que no queremos en el caso de mucho alboroto-, no es tanto la planilla de exigencias en calidad de barreras, como los gustos y preferencias que entre cicatrices y sonrisas nos hemos ido construyendo.

Entre la sangre latina, la conciencia femenina y una buena experiencia, la piel se pone mañosa, los estándares aburren y -oh más cierto que nunca- las apariencias engañan. Mi tema por la privacidad/intimidad va más allá del tema web, y es que cada día más el misterio, el tesoro sin mapa, me parecen la expresión máxima de la seducción y la expansión del placer.

Nadie está a salvo de la carne
Ciertamente los años -por su vida y no por su cuenta biológica- nos van endureciendo, y así entre convencionalismos y contracultura le hacemos el juego a la síntesis errada de la carne. Una moneda no es nada sin sus dos caras.

¿Es algo de género? no lo creo ¿no todos están hechos para lo mismo? ciertamente. Sin embargo, no creo ser la única que redescubre en la “inocencia” de cercanías un redbull para los sentidos cuyos poros tapamos entre sudor y lágrimas. De repente una mirada tibia te hace sentir viva, una caricia olfateando tu mano es un disparador sináptico, una conversación paralela, entre curiosidad y curiosidad, se esconde detrás de compartir un agua mineral.

Y puede que no, como puede que sí, que sus dedos le cuenten historias a tu cabello, que su abdomen te sirva de almohada casualmente y que la piel se desespere, hasta se desanime, entre tanta sutileza. Y te preguntas ¿desánimo sonriente? sí, estás sonriendo, porque la querendura es sexy, porque el cariño también da placer, porque por muy Mafalda que seamos, Susanita también está en la serie, porque la sencillez se nos olvida, la inocencia se corrompe en la falsa creencia de lo vulnerable, y los sentidos se congestionan de lo obvio, lo esperado, lo deseado obstaculizándole el paso a lo que te quieren dar.

Por eso de repente, sin esperar nada llega la querendura y le da un golpe de Estado a la tiranía de la piel, y las sonrisas llegan desde el hígado hasta la boca, sin esfuerzos, sin jalones.

A veces olvidamos que para vivir, lo primero que tenemos que hacer es respirar. Para amar lo primero que hay que hacer es querer. No importa si pasa o no, la querendura desintoxica los sentidos.

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2 thoughts on “La sexitud de la querendura

  1. -.Carla Alvarenga Chacón.- says:

    Para vivir sólo tenemos que dejar de simplemente existir… Parece que sólo vivimos cuando niños, luego vamos existiendo, está en nosotros retomar la vida, o nunca dejar de vivirla 😉

    Gracias por tus comentarios, que bueno que te pasees por el blog. Saludos.

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