Será que soy un alien?

Como no me gusta que me cuenten las películas que no he visto (y quiero ver), no haré la analogía con el film que ha inspirado esta entrada de blog. Pero debo decirles que ha sido el propio hollywood, en un acto de auto-flagelación, mi musa de un 22 de diciembre.

Para los que llegaron por casualidad hasta compuesto XY: soy venezolana, nacida en la sotrora ciudad de Caracas de la República de Venezuela, mi madre es andina, y mi padre de centro américa. Y hasta hoy pensé que era humana, una humana más sensible de lo que el caos de mi país permite a mis coterráneos, pero humana al fin.

…sigo teniendo sangre roja
De la butaca del cine a las 8.30pm hasta ahora, no he dejado de ser un mamífero (de sangre caliente), y no lo dejaré de ser. Pero es que debo contarles, debo hacer de este texto un testimonio para que mis decendientes comprendan la situación, meramente humana, por la que estamos pasando hoy en la República Bolivariana de Venezuela, y en general, en el planeta Tierra.

Escribo con este, sarcástico, espíritu deseoso de alien, con la certeza de que hay otros como yo, los considero pocos, pero se que están; y con la esperanza de que sean más de los que tengo presente.

Amo mi humanidad, amo mi piel, las mariposas que producen los nervios, la ansiedad del miedo, el valor recóndito y súbito que me poduce un reto, la calidez de un abrazo, la humedad espiritual de un beso y hasta las nauseas vicerales que inflan mi estómago producto de la rabia o la tristeza profunda: me hacen sentir viva!. Pero últimamente me siento incomprendida, desorientada y “desertora” de mi raza, quizás sea porque la nauseas de rabia y tristeza en exceso no son buenas.

No, no son buenas…
Porque me produjeron gastritis crónicas (entre otras cosas), pero es que oy, en mi Venezuela, tenemos un país dividido, una sociedad que se cae a pedazos, y que siente el vértigo de la caída libre, pero espera tocar el fondo y no parar con el declive. Una economía ficticia e injusta, un tesoro maldito. Unos valores de los que sólo queda la historia. Una política absurda, inválida y autodestructiva. Una ley muerta, un odio profundo y unos prejuicios caníbales.

Cada día que pasa, cada segundo que nadie siente, la destrucción se arraiga, y me veo yo ahí, en medio de ese mar de humanos adormecidos con la velocidad atrofiante con las que nos conducen a la perdición. Entre una queja y una patadita, somos pocos los que chapoteamos el agua intentando salir, tomar el país y llevarlo hacia arriba y no hacia abajo. En realidad no se en qué dirección, no me importan las coordenadas siempre y cuando se pueda evolucionar y no hundirse.

Ningún venezolano sale hoy a la calle, o abre los ojos desde la calle, sin desear que al terminar el día nadie le mate, le golpee, le robe o le arrebate la inseguridad a un ser querido. Hoy son pocos los ateos de esta “tierra de nadie” (no, ya no es sólo el jardín de la ciudad universitaria lo que llamamos así. Nuestro país es de nadie, nadie lo cuida, nadie nos garantiza nuestros derechos, nadie lo rescata, ni siquiera nosotros). La salud es insalubre, la justicia es ciega, sorda, mocha y marioneta de un grupito de anarquistas que quieren hacer una bodega de 23 millones de víveres, a la venta y putrefactos. En fin, poco falta para que lo que respiremos sea dióxido por decreto presidencial, y dejemos el oxígeno para contaminar a los gringos.

Esa la razón de este pinchazo en mi piel a ver si tengo aún la sangre roja. A veces me callo porque veo que pocos ven lo que yo veo (no, no estoy escribiendo mal, es necesaria la redundancia), a veces pienso que quizás soy yo la errada, y que sólo somos un par de locos los que creemos que el mundo está en nuestras manos, y no en las de un poco de gobierneros con títulos políticos. A veces, sólo a veces, siento que debo cambiar de mundo y no ayudar en este.

A eso juegan los que destruyen la naturaleza, la humana, la social, la biológica, la política, la racional, la bien intencionada… a que los activos y alertas, los no resignados y los que queremos un mundo mejor, busquemos un Avatar, abandonemos la humanidad y matemos a unos cuantos de los nuestros.

No, no soy un alien (vaya que alivio, porque me gustan mis padres y mis familiares)… sólo soy una humana que necesita mas fuerzas para no encontrarse traidora, sino parte de esa sociedad que hay que despertar del letargo.

No soy un alien, sólo soy la hermana fastidiosa que te da un pellizco para que despiertes y no te ahogues en la saliva de los políticos.

P.D: si para cuando mi decendencia lea esto, hay libros que dicen que Chavez y sus amigos conquistaron al mundo, saben que la que se ahogó fui yo. Pero cuidado, que reencarno como perra sarnosa y los muerdo a todos para que mueran de rabia (siempre habrá un huguito por dentro). Y si para entonces Rosa Inés II les gobierna, lo siento, pero imploren a la madre naturaleza para que les devuelva el oxígeno.

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