Web’Plaza

Cambio de Ambiente 

Descontextualizar un hecho es como la respiración artificial, mantiene cierto grado de coherencia, pero es imposible que sobreviva por mucho tiempo.   

Todos los acontecimientos y la vida misma se estudian desde dos ejes -independientemente del lente por el cuál se vean-, el tiempo y el espacio. Dos factores determinantes en cualquier análisis facultativo, o con intenciones de serlo. Estos dos factores son los que en las ciencias sociales hemos denominado como contexto.  

Desde la filosofía antigua, pasando por la teoría política clásica, hasta llegar a la comunicación y Habermas, se trabajó –y se continúan las labores intelectuales- por definir aquel lugar dónde se ubicaba la formación de la opinión (tomando en cuenta ya as acepciones de opinión pública). En esa tarea Habermas llega a la definición de aquello de lo que tanto se habla: espacio público. Éste, también entendido en otros lugares como espacio social- es el campo de cultivo de la opinión pública, un proceso natural de la sociedad civil de cualquier cultura y estado. Por ende todos los cambios que sobre este eje se presenten, va a incidir directamente en el desarrollo de la opinión pública. 

El espacio público y sus locaciones físicas evolucionaron incluso antes de que Kant o Habermas lo bautizaran teóricamente. Del ágora, a las plazas, pasando por los salones… tomando pasillo que lo encerró durante décadas en los mass media. Los estudios de televisión, las salas de redacción y las cabinas de radio. Esos fueron los escenarios donde las sociedades del siglo XX permitieron que se llevara a cabo el proceso de la opinión pública. No consideramos ningún escenario errado, sin embargo, la crítica que se dio con esta situación social fue el sobrestimado poder de los medios de comunicación y la pasividad de los ciudadanos. Al fin y al cabo ¿cuántos caben en un estudio de televisión? ¿cuántos alcanzan los micrófonos en una cabina de radio? O ¿cuántos logran ver impresas sus frutos discursivos en un periódico o revista? 

La situación degenerativa en la que se sumergió el espacio y la opinión pública durante el pasado siglo, fomentó la incredulidad y subestimación de la fuerza que tiene la opinión pública como mecanismo de presión en la sociedad y las administraciones gubernamentales. El círculo vicioso estaba servido, la pasividad de la ciudadanía y el escepticismo ahogaban la opinión pública y desplazaban el espacio público a un lugar inalcanzable. 

Afortunadamente, el avance industrial -convertido en tecnología- fue brindándole al hombre las herramientas necesarias para ubicarse nuevamente como centro de un proceso que por naturaleza le pertenecía: la comunicación. Y con ello, los espacios públicos que le cedían alcance y exposición a sus opiniones. Los mass media se opacaban, mientras la tecnología de la información se instalaba como paradigma de vanguardia. 

El cambio de ambiente dejó nada más y nada menos, que la oportunidad renacentista del espacio y la opinión pública. Pero ¿en qué consiste este nuevo ambiente? Se podría decir –cayendo en el extremo de la síntesis, pues no es este el objeto del ensayo- que en facilitar el acceso y la producción de información, de una forma inmediata, masiva y sin fronteras.  

El contexto y la filosofía de la tecnología de la información, se ven potenciadas por las herramientas que pone a disposición del hombre para alcanzar los objetivos. Una de las más emblemáticas: la web.



Espacio y Opinión 2.0

La web 2.0 [denominación que avanza según evoluciona la plataforma y su dinámica] podría definirse como la promesa de una visión realizada: la RED… convertida en un espacio social, con cabida para todos los agentes sociales, capaz de dar soporte a y formar parte de una verdadera sociedad de la información, la comunicación y/o el conocimiento… nace de la propia acción social en interacción con un contexto tecnológico nuevo (Fumero, A. y Roca, G., 2007: p.10).  

Esta definición permite ubicar las bases de la relevancia que representa la web (2.0) en el nuevo contexto bajo el cual se desempeña la sociedad del siglo XXI. Interacción incluyente de todos los agentes sociales. La añoranza de la opinión y el espacio público. De hecho, algunos teóricos se han atrevido a construir hipótesis bajo las cuales se afirma que más que una versión evolucionada de internet, la web 2.0, en los términos en los que se encuentra actualmente, constituye un Nuevo Entorno Tecnosocial (2007).


Es en ese escenario, en el que interactúan lo social (cómo y dónde nos comunicamos y relacionamos) y lo tecnológico (nuevas herramientas, sistemas, plataformas, aplicaciones y servicios) provocando cambios de lo uno sobre lo otro. Surge una nueva Red caracterizada como la web de las personas frente a la web de los datos, correspondiente a la versión 1.0 (p.11). 

En presencia del nuevo entorno tecnosocial, se habla de cambios estructurales en las sociedades, pues se imponen nuevos patrones en todos los ámbitos del ciudadano. A quien se le da además un rol de protagónico y variable dentro del modelo comunicacional que esta plataforma representa. Permitiendo entonces reflejar modelos que desde la sociología de la comunicación se han venido trabajando. Dinamismo y conversación, esas son las bases de este nuevo entorno. 
Adaptando entonces el concepto de “plaza pública” –espacio público- que Habermas popularizara, y en un nuevo ejercicio de evolución, se suma –pues ningún medio hasta ahora ha sido desplazado totalmente- el nuevo contexto a los espacios públicos de la humanidad.

Bienvenida pues la web 2.0 y sus herramientas a la plaza pública. Tenemos mucho que recuperar.

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