Si de escribir se trata

A veces la tiranía del tiempo, otras la deuda con el sueño, algunas la sensatez de las vísceras esperando la calma individual o colectiva… El hecho es que no siempre estoy para poner en letras la inmediatez de unas ideas que deja la estela de la realidad.

Desde la última vez pasaron campañas políticas, viajes, puertas de las que tire la llave a ese río que llaman “es lo mejor”,  secretos develados a cuatro gritos, verdades guardadas…… La vida pues, ha pasado la vida.

Y así pasa el tiempo de esta identidad digital, incumpliendo promesas con la sociedad de la información, dejando ideas en el sofá de los mensajes privados o en el lujo de los 140 caracteres -en el mejor de lo casos.
¿En qué nos diferenciamos antes de ahora? Sí, los académicos tenemos las bibliotecas de las tablas repletas, los descodificadores de encriptados rusos, pero la misma lucha con verdugo diferente. Que las teclas antes fueran asesinas de uñas y ahora cazadoras de dislexias no hace la diferencia en el resultado final.

Que ahora tengamos la oportunidad de encontrar no cambia nada que tengamos la oportunidad de crear, mucho menos la calidad y oportunidad con la que creamos.

¿Qué hacemos por cada día que pasa sin sentarnos a dejar por escrito la tormenta de ideas de a por segundo? ¿Qué hacemos con la cuchara de palo en la casa del herrero? 

Todo viene del propósito, del objetivo de estos espacios que creamos antes del boom de la marca personal, o al menos antes de tomar consciencia de ello. Aunque en efecto, en el momento en que una “marca” pierde su espontaneidad, su personalidad se desdibuja. 

 

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