4 tips para no acabar con todo en una discusión

Dicen que las discusiones son el reflejo de los complementos, la pizca de sazón, el placer de la reconciliación. Yo no creo que sean una necesidad, pero en todo caso es importante aprender a -o intentar- no convertirlas en armas de destrucción masiva.

Con la querida cruz cardinal creo que nadie se salvó de discusiones con calibre. En todos los ámbitos, en todas las relaciones. Este artículo lo hago inspirada en las discusiones que más reconciliada me han dejado. Y es que ya que parece inevitable, creo que es importante aprender a discutir.

Esto podría convertirse en clase de teoría de la negociación o de poder, pero dejémoslo en lo simple: necesitamos discutir sin jodernos -especialmente cuando herir al otro es herirnos a nosotros-, necesitamos discutir sin saber de teoría argumentativa, pero aplicándola. Necesitamos hacer de la discusión una herramienta para crecer, y creo estos 4 tips pueden ayudarnos.

  1. El origen: mientras más trabajo mi inconsciente, reconozco cuan complejo e inmenso es. Nuestra mente y nuestras emociones son un mar desconocido, si, pero no podemos escudemos en la ignorancia.
    Antes de discutir efusiva y vorazmente, respira, no para calmarte, no pretendo que contengas la emoción. Respira para reconocer la verdadera emoción que está motorizando ese deseo de confrontación.

Generalmente no es lo que crees, y muy pocas veces puedes llegar a descubrirlo en medio o al final de la discusión, mucho menos aún tener la oportunidad de que el otro lo comprenda. Así que evita finales infelices e innecesarios. Respira, reconoce y discute lo que ES, y no lo que crees que es.

  1. La descalificación: esto ya es parte de los recursos de vocería y argumentación, pero aunque no lo sepan, la descalificación no es un argumento, es el antagonismo de uno. Este recurso podemos usarlo a través de la comparación, de la remembranza de situaciones ya superadas, de la descontextualización o del uso de información “clasificada” que no viene al caso.

También es absolutamente común, pero nuevamente, es importante detenernos, porque este es uno de esos puntos que aunque el final no sea catastrófico, siempre deja huella. Es un círculo vicioso, el inicio del ojo por ojo.

  1. La dirección: a ver, afrontémoslo, si estamos discutiendo ya hay confrontación, está bien no querer herir o elevar la fricción, pero darle tanta vuelta al asunto puede enardecer los ánimos, o peor, dejar sin sentido el esfuerzo agotador. Ahora bien, ser directos no es pasaporte para ser desconsiderados. Apuntemos bien, seamos claros, breves y concisos, pero siempre recordemos que somos “materia sensible” -como dice @ninaccs- y que muy rara vez, las discusiones acaban de raíz con una relación. De hecho, la idea es hacernos crecer, no extinguirnos.
  1. La negociación: este punto es casi inexistente, tanto, que de hecho si lo aplicáramos discutiríamos menos. Sin embargo, aunque no lo usemos preventivamente, nunca es tarde.

Negociar es vital, encontrar un punto de equilibrio donde las partes se sientan escuchadas y atendidas permite mejores desenlaces.

Yo a esto, le agrego el reconocimiento del problema y la responsabilidad personal. Todos somos responsables, siempre. Comprometerse -y cumplir- en revisarse y evaluar los puntos expuestos por la otra persona nos hará crecer individualmente y en la relación.

Nunca terminen una discusión sin reconocer al otro. Y si pueden hacerlo, sin demostrar el cariño o respeto que le tienen.

Nunca discutan porque pueden. Discutan porque lo necesitan para avanzar.

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