¿Cuándo duele el corazón?

Quizás por ser Cáncer se me hace más fácil sentir el corazón y “perderme”, quizás no, quizás me encuentro. El hecho es que como yo, esta noche hay una pila de gente que no duerme porque le duele el corazón, figurativa y literalmente.

Está oscuro, pero aún así cierro los ojos. Y respiro, sólo para saber que aún respiro. ¿Por qué me duele el corazón? Me pregunto, y sigo llorando. ¿Cuándo duele el corazón? Me pregunto, y comienzo a escribir.

Comienzo a escribir, porque recuerdo que hace un par de días me dolió el corazón y estaba feliz. Comienzo a escribir porque hace unos meses, cuando descubrí que estaba enamorada, me dolió el corazón y mi mejor amiga me dijo “tengo una tesis nena, el corazón crece con el amor, está creciendo tu corazón, por eso te duele”… Comencé a escribir porque el corazón siempre duele, pero sólo lo miramos bajo la pena –eso, o ya estoy loca-.

Si, el corazón duele cuando alguien se va, o cuando se deja ir, cuando se extraña, cuando se traiciona, cuando lo ignoran, cuando no es correspondido. Pero el corazón también duele silente cuando está vacío, cuando se esconde, cuando huye, cuando se protege de más. Y duele cuando estás atento a la alegría, a la plenitud, a los logros, al honor.

Hoy paro de llorar por dos razones: la primera es que busqué cobijas que me abracen y, la segunda, que encontré respuestas en mi propio corazón.

Me dolió el corazón -casi insoportablemente- cuando en medio de la playa, haciendo yoga en una tarde perfecta, mi maestra nos colocó en cobra 2 y nos dijo “abran el corazón”. Al terminar la clase me encontré con alguien que me devolvió la esperanza de enamorarme.

Me dolió el corazón el día que la persona que amaba me tomó de la mano y me dijo “quiero hacerte feliz”.

Me dolió el corazón el día que despedí a mi hermana y su familia sin saber cuándo volvería a verlos.

Me dolió el corazón cuando una alumna me confesó, 2 semestres luego de darle clases, que no se suicidó porque la motivé con mi curso.

Me dolió el corazón cuando me vi bajo las nubes de Calder, como estudiante, como profesora y como acompañante -todas las veces-.

Me dolió el corazón cuando vi -y acompañé- a un hombre, por el que nadie apostaba, uniendo pueblos y sembrando esperanza.

Me dolió el corazón cuando vi mi sueño sentado en círculo y sanando cada miedo a través de él. Creciendo en cada punto, diciendo “quiero estar siempre aquí”.

Me dolió el corazón cuando comprendí en medio de un bosque, a la intemperie y en ayuno, que la vida es tantítisimo más que nuestras “cosas”.

Me dolió el corazón cuando un maestro vivo me abrazó.

Me dolió el corazón cada vez que pensé en mis padres y no pude llegar a casa.

Me dolió el corazón cuando vi a mis amig@s con dolor en el suyo.

Me dolió el corazón en la primera lluvia de un verano chileno –que me sudé íntegro-.

Me dolió el corazón cuando lo vi a él a lo lejos, cuando me besó, cuando me pidió permiso para hacerme el amor, cuando amanecí en sus brazos, cuando me respiró… Me dolió el corazón cuando me di cuenta que estaba enamorada. Me dolió el corazón cuando pensé que podía decírselo y no lo hice… Me duele el corazón cuando lo tengo cerca y no pasa nada.

Me dolió el corazón cuando no me sentí identificada con la protesta.

Me duele el corazón cuando hacer las cosas bien “no está bien”. Cuando dar lo mejor no es lo que se espera.

Sí, hoy me duele el corazón por pena, pero me ha dolido por alegrías y eso me hace parar de llorar. El corazón quizás no duele, quizás sólo se siente más o menos. Y si es dolor, será entonces como el pinchazo que nos dice que estamos vivos.

Mientras lo sintamos, todo puede estar mejor. Así que vamos, dejemos que duela el corazón.

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