No más (auto)entierros

Live nutty.

Just occasionally.

Just once in a while.

And see what happens.

It brightens up the day.

-Leo Buscaglia-

 

Aunque Venus no esté en Acuario –que lo está al momento de escribir este artículo- toda mujer necesita conocer el poder de su “locura”, “rareza”, “originalidad”, “payasada”, “estilo” y cualquier otro adjetivo con el que se hayan acostumbrando a etiquetar –y sepultar- su unificidad.

Entre un estereotipo y otro está la mujer que somos, no la que queremos ser, ni la que fuimos y –esperemos- hemos ido actualizando. La mujer que somos. La que juega, la que canta o baila en la ducha, la que se siente –generalmente- cuando no hay miradas alrededor. La que vibra con un recuerdo o con una acción pequeña.

La mujer que somos suele quedar rezagada en el proceso de madurez, es la mujer que con suerte logramos que siga viva pero destilada a través de las situaciones y experiencias. A veces la esencia debe tener concesiones, salir de sopetón, saltar de emoción, estornudar duro, hablar en diminutivo, revolcarse en la grama, recordar las cosquillas, perseguirse en casa… sentirla cerca nos hará saber que estamos aquí, que todavía somos.

Encuentro con frecuencia personas –no sólo mujeres- que se disuelven en la moda, y no sólo lo que ya nos imaginamos. La tendencia de una profesión u oficio, el nuevo rol que asume, la pareja, la disciplina que practica –ahora-, el maestro que consiguió, el autor que descubrió(bis), la situación país… la vida. Objetivamente se llama perder la perspectiva, nos olvidamos del todo y miramos sólo una de las partes. Holísticamente(non) he querido nombrarlo pisotearnos, olvidarnos de nosotros mismos, de lo que somos, en presenta pasado y futuro imperfecto –como debe ser-.

Cada vez que miro a una amiga o conocida “pisotearse” hasta enterrarse me despido porque es como un suicidio por la tipografía de moda y el novio nuevo.

Amigas, mujeres –y no-, no hace falta enterrarse para entregarse. La adaptabilidad es maravillosa, la novedad es delirante, la evolución es apasionante. Pero no nos equivoquemos, pulirnos jamás debe borrarnos, entregarnos jamás será vendernos.

La mujer debe ser como un buen vino, en el paladar siempre dominará la cepa.

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