No siempre es fácil, pero es sabroso

Supongo que este título me serviría también para hablar de la convivencia en pareja, pero hoy lo uso para hablar de emprendimiento o vida de negocios.

Parecido a lo que les escribí en el artículo sobre el proceso del emprendimiento, hoy recopilo esa noción generalizada de los finales felices, el amor instantáneo y en recta ascendente. No existen. Pueden lucir así en un tuit, pueden las depresiones pasar desapercibidas en una cuartilla, en 30 o 90 minutos audiovisuales. Pero lo cierto es que vivir los sueños no es como se sueña.

Hay escépticos que nos llaman utópicos por decir en voz alta que queremos vivir de nuestros sueños. Hay pesimistas que nos creen falsos por vernos preocupados, cansados o desanimados. Y estamos los coterráneos, los que sabemos que esta vida no es Disney, pero es absolutamente nuestra.

No les voy a mentir, mi misión va por hacer realidad los proyectos de vida, los bocetos, las ideas que surgen en un café… y en el hacer sólo puede haber realidad -o es que tengo neptuno en capricornio-. Así que debo decirles -sin ánimos de aguar las fiestas- que vivir de lo que amamos no nos hace inmunes a los desafíos, sólo nos da más fuerza para superarlos.

Hay papeleos, cuentas que no dan, clientes que te hacen llorar, horarios sin horario, reconocimientos que no llegan, días que ahogan… dudas en la fe. Pero tenemos lo que nadie más tiene, un escudo contra la frustración, un por qué propio, un incentivo en el alma, una fuente de inspiración renobable… Hay sueños viviéndose, y eso lo es todo.

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