El prestigio del delito

Interrumpe mi almuerzo a solas una voz masculina mandibuleadamente vulgar, es un lugar bastante público y familiar, su voz gruesa entona prepotencia y a gritos nos hace sus oyentes. Atrás de mí y a la derecha, por ahí anda el que no aprendió de modales y por lo escuchado, tampoco de profesión legal.
No es el estereotipo con síndrome de “patancito llama la atención” y su respectivo complejo de “tupperware”.Yo trato de almorzar aislándome de su interpretación, creo que mi cara es tan penosa como la de su acompañante, y mi oído está tan afectado como el de quienes lo llamaron un par de veces. Sus conversaciones ya parecen conferencias, molestas, indignantes, y rebasan mi voto silencioso, cuando orgulloso comenta “yo le dije a la tipa esa, cállate y quédate quieta, porque otro fácil te mete unos coñazos y te lanza por el balcón por perra…”. Volteé mi cuerpo hacia él con firmeza y lentitud de efecto matrix, subí la mirada y la dirigí a sus ojos, me comuniqué con los códigos que bien me enseñó mi madre, esos que suelen usar cuando lo tratan de entrenar a uno para comportarse en público.
El problema con este ser no era su llamado de atención, sino su absoluta convicción divulgativa de sus andanzas ¿por qué? porque elevar su ego, y lo peor (motivo de este post): en Venezula, le da prestigio.
Las situaciones de las que se enteró medio centro comercial, reflejan la desvalorización de una sociedad donde ya la corrupción, el abuso de poder y el enriquecimiento ilícito, pasó de ser el día a día a convertirse en la forma más segura de acceder al prestigio entre clases, y al respeto (incluso intimidatorio) público.
Pasarse un semáforo en rojo, saltarse una cola o levantarle la falda a la directora, son “gracias” potencializadas por un marco regulatorio débil y al servicio de la ideología, un refuerzo que brinda la deslegitimación de los procesos y las autoridades. Por eso el hombrillo es un canal legítimo, y son capaces de insultarte si no vas por él; por eso los motorizados son quienes tienen la ventaja y deciden si darte paso o no, por eso las oficinas públicas cambian sus horarios de una semana a otra, según les apetezca; por eso y porque te preocupa más conseguir la carne o el harina pan, aprovechar la energía eléctrica (cuando la tienes), que estar detrás de un juego político donde compiten los viejos vicios.
Hablar a gritos de violencia doméstica, de armas de fuego ilegales, de demandas injustas, de estafas y hasta de tráfico de armas, sin que nadie pase de una señal visual, sólo es posible, en la misma sociedad donde el mismo tipo que consigue valoración a causa del prestigio del delito, hace clandestina la opinión y evaluación política: lo último que escuché (y me llamó la atención, porque cuando caminaba ya para salir, pasé junto a su mesa y no me reventó el tímpano) fue “mira chamo, tienes que votar por el PPT, tenemos que sacar a este loco. No votes por el PSUV, si quieres volver a comer algún día”.
Venezuela 2010: el delito es expuesto y la opinión clandestina.

¿Oculto o Privado?

Y siempre habrá algo que callar, algo que devela mucho de lo que somos, pensamos o analizamos. Algo que echaría a perder el misterioso viaje de conocerse, de encontrarse, o separarse, en aquello que nos gusta merecer: confianza, intimidad. Inclusive algo que por “seguridad universal” de la academia debemos esperar que explote en el cerebro de otros, inducir la explosión pero no insertar la cotufa (enseñar a pescar).
Y me surgen dudas (porque también hay que escribir sobre ellas)… ¿cuál es el límite entre la privacidad y lo oculto? ¿cuánto de lo que se queda en nuestro haber guardamos por su valor y cuánto por sus posibles consecuencias? ¿la autocensura para qué equipo juega? ¿qué estamos haciendo cuando escribimos/hacemos para no entregar? ¿egoísmo o miedo escénico?
La 2.0 en su naturaleza colectiva es una plataforma para exhibir, una gran vitrina de fácil acceso e infinitas opciones. Y millones de maniquíes con identidad en carne y hueso que deciden (decidimos) exponernos, unos más otros menos, unos por inercia otros con estrategias, unos ya por naturaleza. ¿Se le hace cuesta arriba al “ocultista de intimidades” su tarea deshonesta? ¿Hasta dónde estamos dispuestos  negociar nuestra privacidad? 
Yo, que creo tenerlo claro, milito en la tercera vía, la del equilibrio. Lo que coloquialmente llamamos “ni tan calvo ni con dos pelucas”. Pero y ¿los 400millones de usuarios de Facebook? (consulten este link que grafica la evolución de privacidad en FB, hoy están desnudos en la web), o ¿los otros tantos millones que, como yo, montan sus “productos” en la gran vitrina?
La privacidad guarda mi esencia, lo que reservo para el placer de la tierra y no de la pantalla digital. Ocultar no me preocupa tanto, pero bueno, ahí no se guarda nada, sólo se resguardan disfraces y escudos contra problemas, que servirán por tiempo limitados. Este dilema no es tan dilema cuando nos sinceramos con nosotros mismos. Hay esferas.
¿Para mí?  para mí es encontrar el equilibrio entre el pudor y la comodidad de la desnudez. La sensualidad está en el misterio, y la sexualidad se disfruta más cuando cuatro manos (de piel) juegan a descubrirse. La web no es más que eso.

De olvido y letras…

Anoche tenía ansiedad de letras… Sí, los seres humanos, en especial los criados en occidente, sentimos la necesidad de dejar huella, de inmortalizarnos. Por eso algunos escribimos, por eso tomamos fotos, por eso filmamos ocasiones “especiales”, porque sentimos un reflujo biliar cada vez que imaginamos este mundo y nuestros alrededores sin nosotros, o sin alguien que para nosotros es importante. 
Pero en ese afán de inmortalidad, que creo sería mejor definido como temor al olvido, necesitamos más bien crear un mundo, una visión: un legado. Un legado que nos haga inolvidables. No importa cuán grande sea la huella, con vacío, desmejora o falsedad sabemos que somos reemplazables, pero ser inolvidables es algo poco menos imposible. 
En el reino de lo físico los vacíos se llenan, pero en el reino de la mente y los sentimientos no hay vacíos. Podemos no querer recordar, podemos sentir un hueco en el estómago del tamaño de Brasil por una ausencia física, pero jamás dejamos de sentir ni de recordar, los momentos y los sentimientos no se olvidan. Como dice un bloggero que recientemente leo : “uno nunca olvida… solo deja de pensar”.
Sí, eso era lo que tenía, ansiedad de letras. Siempre nos pega, pero pocas veces nos damos cuenta que está ahí. Necesitaba las letras de alguien que me hicieran sentir NO olvidada, que calmaran mi corazón diciendo: tranquila, el amor que diste no sirvió para quedarte, pero sí para dejar una gran huella.
No las encontré, quizás como la gula, esta nueva patología que me afecta: ansiedad de letras, no cesa mientras se sienta. Aún cuando encuentres las dosis más altas para combatirla.

La luz y la libertad descansan, pero no mueren

El origen de la Universidad Central de Venezuela se remonta a 1721 con la fundación de la Real y Pontificia Universidad de Caracas; en 1827 Simón Bolívar decreta los nuevos estatutos de la casa de estudios, y ya para 1856 se independiza del seminario español que le diera origen. Para el gobierno de Guzmán blanco, ya finalizando el S. XIX, se realizan nuevas reformas y su sede se traslada a un antigüo convento, sede que pronto dejaría de ser suficiente para la demanda que tenía.

No es sino hasta 1942 cuando se solicita el diseño de una Ciudad Universitaria. Pero fue el entonces Presidente de la República, Isaías Medina Angarita, quien con decreto presidencial funda un instituo autónomo, en octubre de 1943, exclusivo para la creación de este gran proyecto. Un nombre aparecía en la conformación de dicho ente: Carlos Raúl Villanueva. El proyecto tenía hasta entonces, una sóla petición, tener como principal ente ordenador un Hospital Clínico Universitario.

El diseño del proyecto ameritó una vasta investigación, que incluyó viajes por el mundo para conocer y estudiar los, hasta entonces, más reconocidos centros universitarios del globo. 

Desde el primer plano de la Ciudad Universitaria de Caracas hasta la inauguración de su último edificio contemplado en el proyecto, pasaron poco más de 30 años (1943-1976).

Villanueva se apoderó de la Ciudad Universitaria de Caracas, e hizo de ella su más grande obra: 202,53 hectáreas de terreno, y 164,2203 hectáreas de construcción. En una época donde el automóvil era aún un “artefacto” extraño, no fue obstáculo para que su arquitecto desde los primeros planos diseñara carreteras curvas, pasos peatonales y estacionamientos amplios. 

Desde su concepción en papel y lápiz, la Ciudad Universitaria de Caracas, casa de la Universidad Central de Venezuela, no tuvo obstáculos. La visión y la integración son sus premisas fetales.


La tarea era abrumadora, pero abrumador también resultó su arquitecto. Luz, aire y arte fueron los elementos que Villanueva erigió como bandera de su proyecto. Logrando reunir como colaboradores y amigos a los más destacados artistas de la época. Tan importante resultó el ornamento de esta ciudad, que se generó un subproyecto dentro de sus espacios: la síntesis de las artes.


Villanueva no sólo reunió artistas, sino ideologías y gobiernos que resultan distantes y distintos, incluso desde la vista histórica. Tres décadas construyendo la casa de la academia. Tres décadas donde ningún Presidente dejó de pisar sus suelos con orgullo para inaugurar un pedacito de la obra. Tres décadas, donde a pesar de los conflictos, esos muros convertidos en vida y en historia, vencieron las sombras.

Muchos especialistas en arquitectura y diseño, podrán resaltar mejor los elementos que logran el objetivo principal de Villanueva: “impresionar al despistado, involucrar al lejano”. Sin embargo, cualquiera que se tome el tiempo para dilatar sus sentidos ante esta obra podrá darse cuenta que el concreto y el diseño dieron estructura a un hogar, un hogar-ciudad, una ciudad corazón de una capital. Como bien lo describió Villanueva: Mi mayor satisfacción, cuando voy a la Ciudad Universitaria, es ver a los estudiantes caminando, estudiando en algún pasillo, los edificios me interesan menos. Cuando la ciudad está sola, se dice que está muerta. Yo no quiero que ocurra esto en mis obras”.

Y es que esta sensación no es sólo de unos cuantos locos, con exceso de sensibilidad o desajustes sociales. En noviembre de 2000, cuando se cumplía el centenario del nacimiento de su arquitecto, La Ciudad Universitaria de Caracas (CUC), fue nombrada por Organización de las Naciones Unidades para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Es decir, a cada ser humano le pertenece un pedacito de eso que en 202,53 hectáreas se sostiene sobre la capital de un país llamado Venezuela

Las sombras que inundan mi casa


“La vieja plagiadora”, como algunos sociólogos suelen llamar a la “historia”, documenta que han sido inumerables los ataques de los que ha sido víctima la CUC. Más allá de los daños por la falta de conciencia que arremete contra sus estructuras físicas, peores han sido los daños causado a las estructuras vivas en ideales y sueños que han buscado la luz de la magna casa de estudios. Y la vieja plagiadora nos ha echado el mismo cuanto: arremeten, cierran, ensangrentan, pero la casa vence las sombras. La luz y la libertad con la que Villanueva parió este hogar “descansan” pero no mueren.

Para nadie es un secreto la contínua y cada vez más corrosiva “realidad atípica” en la que se ha sumergido nuestra Venezuela. La inseguridad que azota a sus ciudadanos, y la polarización que ahoga en desidia e ineficacia la in-gobernabilidad del país, amenazan hoy (2010) con encerrar las sombras en mi casa. Con ponerle portones eléctricos al arte y la integración. 

Sí, no es muy difícil deducir que la CUC-UCV me albergó durante 5 años como estudiante, y hoy ya lleva 2 años acurrucándome como docente. Sí, es mi casa. Sí, son mis sombras, las que venció la academia y las que le huyen a esa humanidad, porque cada vez que estoy pisando sus suelos, resguardada por su libertad, mi espíritu se eleva y dice: sí, es posible.

Hoy, con tristeza trato de explicarle a los que alcance mi voz y mis letras, que cada pedacito de concreto, cada grano de tierra y cada brisa que grupos “sociales” intoxican con violencia y manchan con intolerancia convertida en vandalismo, merecen la pena y la culpa de cada uno de los seres humanos, porque no están atentando contra una persona, que al fin y al cabo solo “administra” este patrimonio, sino que atentan contra el corazón de un país, la fuente de ideas y sueños de una patria y sobre todo, la luz y la libertad que vestida de arte se convirtió en cultura para humanidad.

Con la misma tristeza, en la misma voz y con las mismas letras, veo y proclamo el error que pretenden concretar las autoridades administrativas que hoy (2010) violan el pulso y la tinta de Villanueva, desangrando el ideario que le da vida a las metas y el futuro de un país. ¿A quién se le ocurre que los portones eléctricos son correccionales del vandalismo y la intolerancia? A los mismos creyentes de que la libertad y la integración se aseguran con portones a llave y calcomanías de identificación.

Espero éste, el post más largo de mi espacio, sirva de referencia para apelar con criterio a una discusión que no es sólo de ucevistas, sino de venezolanos. Cómo paramos la violencia? Cómo dejamos de encerrar nuestra libertad para comenzar a luchar por nuestros derechos y nuestras esencias violadas.

Web’Plaza

Cambio de Ambiente 

Descontextualizar un hecho es como la respiración artificial, mantiene cierto grado de coherencia, pero es imposible que sobreviva por mucho tiempo.   

Todos los acontecimientos y la vida misma se estudian desde dos ejes -independientemente del lente por el cuál se vean-, el tiempo y el espacio. Dos factores determinantes en cualquier análisis facultativo, o con intenciones de serlo. Estos dos factores son los que en las ciencias sociales hemos denominado como contexto.  

Desde la filosofía antigua, pasando por la teoría política clásica, hasta llegar a la comunicación y Habermas, se trabajó –y se continúan las labores intelectuales- por definir aquel lugar dónde se ubicaba la formación de la opinión (tomando en cuenta ya as acepciones de opinión pública). En esa tarea Habermas llega a la definición de aquello de lo que tanto se habla: espacio público. Éste, también entendido en otros lugares como espacio social- es el campo de cultivo de la opinión pública, un proceso natural de la sociedad civil de cualquier cultura y estado. Por ende todos los cambios que sobre este eje se presenten, va a incidir directamente en el desarrollo de la opinión pública. 

El espacio público y sus locaciones físicas evolucionaron incluso antes de que Kant o Habermas lo bautizaran teóricamente. Del ágora, a las plazas, pasando por los salones… tomando pasillo que lo encerró durante décadas en los mass media. Los estudios de televisión, las salas de redacción y las cabinas de radio. Esos fueron los escenarios donde las sociedades del siglo XX permitieron que se llevara a cabo el proceso de la opinión pública. No consideramos ningún escenario errado, sin embargo, la crítica que se dio con esta situación social fue el sobrestimado poder de los medios de comunicación y la pasividad de los ciudadanos. Al fin y al cabo ¿cuántos caben en un estudio de televisión? ¿cuántos alcanzan los micrófonos en una cabina de radio? O ¿cuántos logran ver impresas sus frutos discursivos en un periódico o revista? 

La situación degenerativa en la que se sumergió el espacio y la opinión pública durante el pasado siglo, fomentó la incredulidad y subestimación de la fuerza que tiene la opinión pública como mecanismo de presión en la sociedad y las administraciones gubernamentales. El círculo vicioso estaba servido, la pasividad de la ciudadanía y el escepticismo ahogaban la opinión pública y desplazaban el espacio público a un lugar inalcanzable. 

Afortunadamente, el avance industrial -convertido en tecnología- fue brindándole al hombre las herramientas necesarias para ubicarse nuevamente como centro de un proceso que por naturaleza le pertenecía: la comunicación. Y con ello, los espacios públicos que le cedían alcance y exposición a sus opiniones. Los mass media se opacaban, mientras la tecnología de la información se instalaba como paradigma de vanguardia. 

El cambio de ambiente dejó nada más y nada menos, que la oportunidad renacentista del espacio y la opinión pública. Pero ¿en qué consiste este nuevo ambiente? Se podría decir –cayendo en el extremo de la síntesis, pues no es este el objeto del ensayo- que en facilitar el acceso y la producción de información, de una forma inmediata, masiva y sin fronteras.  

El contexto y la filosofía de la tecnología de la información, se ven potenciadas por las herramientas que pone a disposición del hombre para alcanzar los objetivos. Una de las más emblemáticas: la web.



Espacio y Opinión 2.0

La web 2.0 [denominación que avanza según evoluciona la plataforma y su dinámica] podría definirse como la promesa de una visión realizada: la RED… convertida en un espacio social, con cabida para todos los agentes sociales, capaz de dar soporte a y formar parte de una verdadera sociedad de la información, la comunicación y/o el conocimiento… nace de la propia acción social en interacción con un contexto tecnológico nuevo (Fumero, A. y Roca, G., 2007: p.10).  

Esta definición permite ubicar las bases de la relevancia que representa la web (2.0) en el nuevo contexto bajo el cual se desempeña la sociedad del siglo XXI. Interacción incluyente de todos los agentes sociales. La añoranza de la opinión y el espacio público. De hecho, algunos teóricos se han atrevido a construir hipótesis bajo las cuales se afirma que más que una versión evolucionada de internet, la web 2.0, en los términos en los que se encuentra actualmente, constituye un Nuevo Entorno Tecnosocial (2007).


Es en ese escenario, en el que interactúan lo social (cómo y dónde nos comunicamos y relacionamos) y lo tecnológico (nuevas herramientas, sistemas, plataformas, aplicaciones y servicios) provocando cambios de lo uno sobre lo otro. Surge una nueva Red caracterizada como la web de las personas frente a la web de los datos, correspondiente a la versión 1.0 (p.11). 

En presencia del nuevo entorno tecnosocial, se habla de cambios estructurales en las sociedades, pues se imponen nuevos patrones en todos los ámbitos del ciudadano. A quien se le da además un rol de protagónico y variable dentro del modelo comunicacional que esta plataforma representa. Permitiendo entonces reflejar modelos que desde la sociología de la comunicación se han venido trabajando. Dinamismo y conversación, esas son las bases de este nuevo entorno. 
Adaptando entonces el concepto de “plaza pública” –espacio público- que Habermas popularizara, y en un nuevo ejercicio de evolución, se suma –pues ningún medio hasta ahora ha sido desplazado totalmente- el nuevo contexto a los espacios públicos de la humanidad.

Bienvenida pues la web 2.0 y sus herramientas a la plaza pública. Tenemos mucho que recuperar.

La Libertad Soñada de la 2.0

Cureoseando en un blog de un twittero, me encontré con un post que se titula Temas que “no debes usar” en Twitter, me llamó la atención, porque sólo lo conozco por esa vía 2.0, y debo decir que es uno de los mejores y más interesantes en mi time line, pero además es de los que más goza y aprovecha de ese escudo libertario que brinda nuestra querida web. Por eso, me lancé a comentar su post; y más aún, a escribir al respecto de esa reflexión en mi propio espacio.

Carla Alvarenga Enero 25, 2010 en 10:18 pm

La dinámica comunicacional que ha impulsado la web 2.0 es la lógica digital. En medio de este paraguas teórico, lo más importante de rescatar es la autonomía y libertad que tiene el usuario, así como su protagonismo.
Las restricciones o normativas de uso en redes sociales y, herramientas donde los roles de usuario y diseñador se intercambian, se ha comprobado que en la práctica no funcionan. La red es lo que los usuarios quieren que sea, colocar restricciones es, para mí, algo poco productivo y mucho menos efectivo. Si no, revisemos el mismo caso de twitter, surgió como una red para actualizar status de vida, y se ha transformado en un canal informativo y denunciativo básico en sociedades donde el acceso a la información y al espacio público es bastante imperfecto.
Las recomendaciones sobre seguridad personal y privacidad, sí son aceptadas a nivel mundial, y por los mismos usuarios (aunque no le presten mucha atención), sobre todo porque buscan el resguardo de la vida real. Sin embargo, creo que decirle a alguien qué puede “twitear” y que no, va en contra de la naturaleza de este fenómeno mundial.
Cada red ha ido estructurando su perfil según el modo de uso que han dado sus seguidores. La web 2.0 es una infinita agenda personal, donde según los intereses se van moldeando los contextos.
Más aún en twitter, donde la característica de “reciprocidad” no ha socavado las bases ni gustos de la mayoría de sus usuarios.
Libertad, sin caos. Cada quien define su status quo en el planeta 2.0.

Ese fue mi comentario, y esta mi reflexión posterior:

Si ya tenemos las suficientes restricciones en nuestras vidas: por nuestras mentes, estabilidad, compromisos… políticas y colectivas… ni hablar de los que padecemos (como en Venezuela) de atropellos y represiones por defender o actuar con libertad… o en casos extremos como Cuba, China e Irán, donde ni siquiera el acceso a internet es libre (convirtiéndose en las pequeñas jaulas de las que pocos burlan sus barrotes, en el planeta 2.0)… ¿Para qué colocar más?
La intimidad que brinda un medio escrito, para quien lo escribe, le permite un proceso cognitivo liberador. Twitter, es eso. Pero también es el grito íntimo que sigilosamente se le escapa a realidades aberrantes, y que encuentra “oídos”, apoyo y difusión en su naturaleza excesivamente pública. Si no, pregúntenselo a los protestantes de Irán.
La libertad infinita de la 2.0 (para quienes la tenemos), es un verdadero océano de terapia social, individual y sobre todo, motor constructivo de la vida real, una realidad que es todo, menos homogénea.

Carta a una Foto

Es cierto, aquello del hombre proyecto es cierto. No se puede hacer de una persona un proyecto. Pero hoy entendí por qué después de tanto tiempo yo aún le guardo fé a mi proyecto, aunque esté en la gaveta de “olvidar con caracter de urgencia”.

Un momento tuyo inmortalizado, casi cotidiano, sin relevancia ante ti y ante los demás. Por eso es que amo la fotografía, porque su lente capta más que una imagen.Y ahí estás, con la segunda foto, entre tantas, que ha logrado llenarme de tu dulce yo.

No está tu cuerpo glorioso, ni tu pose viril. No hay derroche de paisajes ni sobreexposición de piel. No hay intención, y eso es lo mágico. Estás tú, sólo tú con las ventanas de tu alma.

Y lo entendí, entendí por qué mi proyecto es tan reunente a ser olvidado con urgencia. Desenterré de mi piel aquellos sentimientos puros que entre los dos nacieron y que después de tanto tiempo hemos enterrado debajode toneladas de daños, de heridas, de dudas.

Entendí por qué si nos hemos encargado de convertir este amor en relleno emocional, aún seguimos aquí, en el camino del otro. A veces contemplando la espalda del que decidió seguir adelante, a veces sintiendo la mirada del que queda atrás, otras veces apresurando el paso que con ternura quiere acompañarse de los otros pasos, otras parados a un lado viendo pasar. Pero al fin y al cabo, aquí, en el mismo camino, con las mismas piedras y el mismo incentivo, por qué no, el mismo amor.

Mi proyecto no fue imaginario, no fue mi complejo de edipo el que sobre-construyó tu ser para destinarnos al fracaso. Hoy supe que no estaba loca, que no fue una ilusión rosa. Hoy en blanco y negro todos tus contactos lo pueden ver: mi hombre perfecto, existe y lo probé. Le burlé los caminos al destino, y pagué por ello, pero lo tuve en mis brazos, lo besé, sentí el olor de su piel y cometí el oso de enamorarme de aquello que se supone inexistente.

Profundo en lo sencillo, de manos precisas, expresión intensa e inteligente, gestos viriles, canas sabias, mirada detallista, postura apoyada en una espalda perfecta, pecas,tatuaje; piel protectora, dedos cariñosos, cejas placenteras, cabello apacible e indomable a la vez; respiración pausada, barba discreta, mentón cuadrado y audaz; extraordinariamente diferente bajo la sombra de lo común; perfeccionista, desentendido, exquisito en lo humilde, entendido y misterioso…….. y la mirada, la mirada que al verla retratada me limpia el alma y me lleva a aquellos amaneceres, donde sin abrir los ojos reconocía el cielo y sentía a mi ángel de piel durazno aterciopelando los sueños de un futuro juntos.

Una reflex y tú. Mis frustraciones en una sola imagen. Con fortuna se que ese lente volverá a mis manos y se convertirá en mi pasatiempo de mujer exitosa y satisfecha. Por desgracia ese tú que yo se que existe y que conocí, no sale mucho de tu cuerpo, y por desamor creo que ya nuestro tiempo acabó.

PD: por lo poco que nos queda de privacidad la foto y su protagonista no serán publicadas en versión real.

D’ Sabores y Lágrimas

Alguien dice que la tristeza es dulce… ¿puede tener un sentimiento sabor? hay quienes sentimos más allá de lo abstracto, un dolor en el pecho y una reacción biológica que nos pide alcochol, apretones o almohadas, que nos hace vomitar o que nos invita a comer. Para mí esas reacciones son para llenar vacíos, para jugarle la escondida al olvido, al dolor, a la conciencia, y sobre todo al corazón. Vomitamos la decepción, el terror a la soledad, la desdicha que viene y que dejamos salir en ese revoltillo estomacal. Uno de esos escritores con los que nos encontramos al paso, alguna vez dijo “la decepción puede a veces ser determinada como un malestar estomacal… y los flujos extraordinarios de la bilis como celos”. A fin de cuentas, lo que intento decir es que dolores, reflujos o influjos siempre han sido asociados con la tristeza, pero un sabor, y además agradable, jamás había sido capaz de digerirlo.

Ante la exposición de ese alguien me quedé pensativa, y renuente, en respuesta trataron de convencerme del paladar empalagado con una analogía a las lágrimas, siendo éstas un reflejo triste entre otros sentimientos de esos inexplicables. Pero…. para mí las lágrimas no son dulces tampoco. Una lágrima de tristeza sabe a desamor, a un recuerdo dulce manchado con amargura y engaño, a un beso que pasó al recuerdo mirado con nostalgia, nostalgia salada, e inmediatamente repugnante, aunque luego se transforme en otra clase de nostalgia, en otro recuerdo gris tenue o brillante, pero gris, como los recuerdos en blanco y negro.
Las lágrimas de tristeza pueden ser dulces para quien las ve, para quien las seca, para quien ve en ellas la expresión más viva de un ser humano, con corazón y sentimiento, así sea roto, pero da gritos de su evidente extistencia, está vivo en esa líquida expresión; pero no puede ser dulce para quién las saca de sus entrañas, para ese que no encuentra palabras y desahogo,  que no logra controlar lo que tanto daño le hace.
Imposible que la degustación de un paladar dulce sea la prueba de una tristeza, un sentimiento tan devastador, tan miserable y tan impotente no puede ser dulce, lo dulce es un gusto, un placer que no debe dañar, a menos que todos seamos diabéticos.

Texto rescatado de un 07 de junio de 2008

Será que soy un alien?

Como no me gusta que me cuenten las películas que no he visto (y quiero ver), no haré la analogía con el film que ha inspirado esta entrada de blog. Pero debo decirles que ha sido el propio hollywood, en un acto de auto-flagelación, mi musa de un 22 de diciembre.

Para los que llegaron por casualidad hasta compuesto XY: soy venezolana, nacida en la sotrora ciudad de Caracas de la República de Venezuela, mi madre es andina, y mi padre de centro américa. Y hasta hoy pensé que era humana, una humana más sensible de lo que el caos de mi país permite a mis coterráneos, pero humana al fin.

…sigo teniendo sangre roja
De la butaca del cine a las 8.30pm hasta ahora, no he dejado de ser un mamífero (de sangre caliente), y no lo dejaré de ser. Pero es que debo contarles, debo hacer de este texto un testimonio para que mis decendientes comprendan la situación, meramente humana, por la que estamos pasando hoy en la República Bolivariana de Venezuela, y en general, en el planeta Tierra.

Escribo con este, sarcástico, espíritu deseoso de alien, con la certeza de que hay otros como yo, los considero pocos, pero se que están; y con la esperanza de que sean más de los que tengo presente.

Amo mi humanidad, amo mi piel, las mariposas que producen los nervios, la ansiedad del miedo, el valor recóndito y súbito que me poduce un reto, la calidez de un abrazo, la humedad espiritual de un beso y hasta las nauseas vicerales que inflan mi estómago producto de la rabia o la tristeza profunda: me hacen sentir viva!. Pero últimamente me siento incomprendida, desorientada y “desertora” de mi raza, quizás sea porque la nauseas de rabia y tristeza en exceso no son buenas.

No, no son buenas…
Porque me produjeron gastritis crónicas (entre otras cosas), pero es que oy, en mi Venezuela, tenemos un país dividido, una sociedad que se cae a pedazos, y que siente el vértigo de la caída libre, pero espera tocar el fondo y no parar con el declive. Una economía ficticia e injusta, un tesoro maldito. Unos valores de los que sólo queda la historia. Una política absurda, inválida y autodestructiva. Una ley muerta, un odio profundo y unos prejuicios caníbales.

Cada día que pasa, cada segundo que nadie siente, la destrucción se arraiga, y me veo yo ahí, en medio de ese mar de humanos adormecidos con la velocidad atrofiante con las que nos conducen a la perdición. Entre una queja y una patadita, somos pocos los que chapoteamos el agua intentando salir, tomar el país y llevarlo hacia arriba y no hacia abajo. En realidad no se en qué dirección, no me importan las coordenadas siempre y cuando se pueda evolucionar y no hundirse.

Ningún venezolano sale hoy a la calle, o abre los ojos desde la calle, sin desear que al terminar el día nadie le mate, le golpee, le robe o le arrebate la inseguridad a un ser querido. Hoy son pocos los ateos de esta “tierra de nadie” (no, ya no es sólo el jardín de la ciudad universitaria lo que llamamos así. Nuestro país es de nadie, nadie lo cuida, nadie nos garantiza nuestros derechos, nadie lo rescata, ni siquiera nosotros). La salud es insalubre, la justicia es ciega, sorda, mocha y marioneta de un grupito de anarquistas que quieren hacer una bodega de 23 millones de víveres, a la venta y putrefactos. En fin, poco falta para que lo que respiremos sea dióxido por decreto presidencial, y dejemos el oxígeno para contaminar a los gringos.

Esa la razón de este pinchazo en mi piel a ver si tengo aún la sangre roja. A veces me callo porque veo que pocos ven lo que yo veo (no, no estoy escribiendo mal, es necesaria la redundancia), a veces pienso que quizás soy yo la errada, y que sólo somos un par de locos los que creemos que el mundo está en nuestras manos, y no en las de un poco de gobierneros con títulos políticos. A veces, sólo a veces, siento que debo cambiar de mundo y no ayudar en este.

A eso juegan los que destruyen la naturaleza, la humana, la social, la biológica, la política, la racional, la bien intencionada… a que los activos y alertas, los no resignados y los que queremos un mundo mejor, busquemos un Avatar, abandonemos la humanidad y matemos a unos cuantos de los nuestros.

No, no soy un alien (vaya que alivio, porque me gustan mis padres y mis familiares)… sólo soy una humana que necesita mas fuerzas para no encontrarse traidora, sino parte de esa sociedad que hay que despertar del letargo.

No soy un alien, sólo soy la hermana fastidiosa que te da un pellizco para que despiertes y no te ahogues en la saliva de los políticos.

P.D: si para cuando mi decendencia lea esto, hay libros que dicen que Chavez y sus amigos conquistaron al mundo, saben que la que se ahogó fui yo. Pero cuidado, que reencarno como perra sarnosa y los muerdo a todos para que mueran de rabia (siempre habrá un huguito por dentro). Y si para entonces Rosa Inés II les gobierna, lo siento, pero imploren a la madre naturaleza para que les devuelva el oxígeno.

Tiempos

Tiempo para:

– Escribir sobre un tema de interés público y compromiso ciudadano: un escrito banal más 15 días de investigación post-conciencia banal.

– Darse cuenta que la persona que entró al lugar donde te encuentras, y que le ha llamado la atención está “no disponible”: exactamente un segundo más del tiempo que usted tarda en verle completamente y ubicar lo que más le gusta, si es usted gráfico le alcanzará para imaginarse una escena con ese ser. Sólo cuando termine se dará cuenta que no esta disponible.

– Ser atendido por un cajero bancario en un día 15 de mes: dos cuentos de Aquiles Millán, que le dejaron las ganas del tercero.

– Decidir enviar un mensaje de texto mientras maneja: el mismo que tarda el semáforo u obstáculo en la vía en darle paso. Es decir, ya no podrá enviarlo en la quietud momentánea que lo hizo decidirse a por él.

– Encontrar una distracción o relación de pareja: inmediatamente después de superar su último guayabo y estar cómodo con la soledad, o justo cuando siente que ya está con su pareja “ideal”.

– Dedicarse a leer un buen libro o revista pendiente: 5 minutos antes de que surja una “emergencia” familiar-fisiológica-marital-amistosa-política, o de que suceda lo que estaba esperando mientras tomaba la decisión de leer.

– Entender la importancia de lo hace: 2 minutos después de haberlo terminado.

…. estos tiempos no distinguen huso horario, no tienen meridianos ni paralelos. Son los ciclos de la vida que nos enseñan a relativizar esas agujas del reloj, y comprender que la vida pasa mientras decidimos cómo vivirla.